Refresqueras, con intereses cruzados en disputa de azúcar

Refresqueras, con intereses cruzados en disputa de azúcar

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Ante el amago de EU de imponer cuotas a las importaciones de azúcar mexicana, México respondió que podría aplicar una política espejo con la fructosa.

Las industrias del azúcar y del refresco de México tienen conflicto de interés en las negociaciones sobre los llamados “acuerdos de suspensión” relacionados con las exportaciones mexicanas de ese edulcorante al mercado estadounidense.

El problema radica en que la industria azucarera ha anunciado que pedirá el inicio de una investigación contra las importaciones mexicanas de fructosa originaria de Estados Unidos por prácticas de dumping; pero, imponer cuotas a este producto podría afectar a la industria refresquera, con dueños de grandes empresas mexicanas participando en ambas ramas productivas.

“A los industriales del refresco les conviene seguir beneficiándose de las importaciones de fructosa estadounidense con cero arancel, porque con ello bajan sus costos de producción”, dijo Enrique Bojórquez, presidente de Sucrolic, una compañía mexicana que produce 260,000 toneladas de azúcar líquida al año.

Un caso de los intereses cruzados es el de Juan Gallardo Thurlow, quien controla 63% de Organización Cultiba, un corporativo que a través de sus subsidiarias produce caña de azúcar y melaza y distribuye bebidas no alcohólicas, incluyendo agua embotellada y todas las marcas de bebidas de PepsiCo, de la cual es la principal embotelladora en Latinoamérica.

Cultiba, a través de su subsidiaria GAM, es propietaria de tres ingenios azucareros, ubicados en los estados de Jalisco, Michoacán y Sinaloa, y de 49% del Ingenio Benito Juárez, establecido en Tabasco, a través de un contrato de co-inversión con INCAUCA, un productor de azúcar y etanol en Colombia. Durante la zafra 2015-2016, la producción combinada de estos ingenios fue de 422,556 toneladas de azúcar.

Gallardo Thurlow es tío de Juan Gallardo Cortina, quien, en su cargo como presidente de la Cámara Nacional de la Industria Azucarera y Alcoholera (CNIAA) de México, anunció la semana pasada que presentará la solicitud de investigación contra la fructosa estadounidense.

En una situación similar está Coca-Cola FEMSA, la embotelladora más grande de bebidas de la marca Coca-Cola a nivel mundial, dado que adquiere azúcar, entre otros proveedores, de PIASA y de Beta San Miguel, empresas de caña de azúcar, en las cuales posee 36.4 y 2.7% de su capital social, respectivamente.

Arca Continental, productora y vendedora de bebidas marca Coca-Cola, marcas propias y de terceros, cubrió su totalidad de requerimientos de azúcar a través PIASA, su filial que opera ingenios en Veracruz, Oaxaca y San Luis Potosí y de la cual posee una tenencia accionaria de 49.18 por ciento. Detalló que el costo de edulcorantes le representó aproximadamente 20% del costo total de su producción durante el 2016. La industria refresquera emplea 90% de la fructosa importada por México originaria de Estados Unidos, según estimaciones de Bojórquez.

Hoy se reúnen Guajardo y Ross por caso del azúcar

Ildefonso Guajardo, secretario de Economía de México, y Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, se reunirán, en Washington para renegociar los llamados “acuerdos de suspensión” sobre las exportaciones mexicanas de azúcar al mercado estadounidense.

A finales del 2014, los dos países llegaron a un “acuerdo de suspensión”, ante el riesgo de que el gobierno estadounidense pudiera fijar cuotas compensatorias a las importaciones de azúcar mexicana, tras haber iniciado investigaciones por dumping y subsidios, que fijaron las cuotas referidas de hasta 44 por ciento.

El convenio obliga a México a vender a un precio mínimo de 0.2357 dólares la libra de azúcar refinada y a 0.2075 dólares el azúcar sin refinar, y limita los envíos de azúcar refinada a no más de 53% del total de exportaciones en cada año.

La Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA) afirmó la semana pasada que Estados Unidos está pidiendo bajar la polaridad de 99.5 a 99.2%, así como subir los precios mínimos de referencia de azúcar, respecto a las normas aprobadas en el 2014. La inconformidad de Estados Unidos radica en que la floreciente industria de los melt houses, que convierten el azúcar granulada en líquida (usada en bebidas, helados y productos horneados), están comprando más azúcar mexicana sin refinar, quitando una porción de esta proveeduría a plantas refinadoras.

Pero según la CNIAA, al calibrar la cuota de exportación a las necesidades de Estados Unidos, los acuerdos de suspensión aseguran que no puede haber exceso de oferta o escasez de azúcar mexicana en el mercado estadounidense.

El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amagó con imponer cuotas de hasta 44% a las importaciones de azúcar originaria de México si los gobiernos de ambos países no llegan a un acuerdo como fecha límite el 5 de junio. La imposición de cuotas antidumping a las importaciones de fructosa de Estados Unidos podría tomar meses, en el supuesto de que se comprobara la práctica desleal. En cambio, Estados Unidos podría aplicar en forma inmediata cuotas a sus importaciones de azúcar mexicana. Como un segunda opción, México podría imponer represalias con la fructosa estadounidense, sustentadas en la autorización que dio la Organización Mundial del Comercio por el caso de atún mexicano.

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