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    China irrumpe con aplomo y EU se desdibuja

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    La celebración del XIX Congreso del Partido Comunista Chino PCC, la semana pasada, acaparó la atención mundial, advirtiendo cómo los dos mil 300 delegados participantes, tomaron decisiones de suma importancia que transformarán la política de esa potencia hacia el mundo, fortaleciéndola aún más en los años por venir.

    Sin duda, el tema más importante del multitudinario Congreso, que se lleva a cabo cada cinco años, fue el extraordinario poder que la Asamblea General decidió otorgarle al presidente Xi Jinping, reeligiéndolo para un nuevo mandato como secretario del Partido Comunista Chino, el cargo supremo en la pirámide del poder de ese país, que Xi ostenta desde 2012 y en el que seguirá por cinco años más, hasta 2022.

    Adicionalmente Xi, de 64 años, fue nombrado presidente de la Comisión Militar Central, el organismo que controla las Fuerzas Armadas, y presidente del Politburó, integrado por tan solo siete miembros, que el propio Xi propuso a la asamblea.

    Finalmente, la decisión del PCC de incluir el nombre y pensamientos de Xi, en sus estatutos, sugiere que el dirigente podría permanecer por tiempo indefinido a la cabeza del país, evitando el límite de edad de 68 años y la preocupación de elegir un sucesor, lo cual le será de suma utilidad a él, para llevar a la práctica su ambicioso programa político.

    Después de muchos años de declive, hoy el inmenso coloso de Oriente, está encabezado por un hombre fuerte, seguro de sí mismo, que mira hacia el futuro y está convencido del renacimiento de su país. China es, indiscutiblemente, poderosa y fuerte, y ya ha empezado a jugar un papel determinante en los acontecimientos del mundo, y Xi Jinping, su líder máximo, tras el extraordinario refrendo que le ha otorgado su partido, se convierte en su dirigente más poderoso en los últimos 40 años, solo comparable con el mítico Mao Zedong, por el culto que se le rinde y el poder que acumula.

    Hace ya varios años que Xi ha estado participando en todas las decisiones fundamentales de las más diversas agrupaciones de países, como el Grupo de los 20 para la reforma del sistema monetario internacional, en el que participa México, y el grupo de las seis principales economías, que ven y negocian los aspectos de la vida internacional. Todos estos comprenden a las más importantes economías occidentales.

    Frente a este escenario, que no podemos ver con indiferencia, dada la buena comunicación entre México y China, y los potenciales acuerdos en marcha para fortalecer nuestros vínculos, contrasta el cúmulo de diferencias en la relación con nuestro vecino del Norte y principal socio comercial, Estados Unidos, que se ha elevado en número y complejidad, desde el arribo a la presidencia de Donald Trump, una personalidad cargada de prejuicios y proclive al conflicto.

    Aunque pareciera que a fin de cuentas los empresarios estadounidenses participantes y beneficiarios del TLCAN, han empezado a presionar a Trump, reacción que nos parece tardía y ojalá tenga resultados positivos, es ilustrativo advertir cuán importante es para un país, la figura de su representante.

    China es un país lejano, con un líder fuerte, con quien México podría entenderse muy bien. Estados Unidos, en cambio, es un país vecino con un gobernante volátil e impredecible, con quien es muy difícil llevarse bien.

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