Acribillados a balazos siete miembros de una familia en Veracruz

  • La Fiscalía estatal ha confirmado la muerte de un menor entre los asesinados en el municipio costero de Boca del Río mientras dormían.

Tres hombres, tres mujeres y un niño fueron asesinados cerca de la media noche del domingo en una colonia del municipio costero de Boca del Río, Veracruz. Un grupo armado irrumpió en la vivienda donde estaban descansando y los acribilló a balazos, según ha confirmado la Fiscalía estatal. Los vecinos alertaron a las autoridades de la masacre alrededor de las 23.45 horas. Habían escuchado múltiples disparos muy cerca y las calles de este barrio Primero de Mayo Sur se convirtieron en la zona cero de la tragedia, con fuerte presencia policial. Hasta el momento no hay ningún detenido.

La matanza de Boca del Río desplaza el terror de la narcoviolencia esta vez al sureste del país. Veracruz, uno de los Estados con más desaparecidos (casi 6.000 personas) y sembrado de fosas clandestinas con cientos de cadáveres, se ha convertido este lunes en el nuevo epicentro de la violencia impune que no cesa en el país. En México se asesina a un ritmo de 100 personas al día. Y cada semana amanece con nuevos cadáveres sin culpables, en Zacatecas, Michoacán, Guanajuato, Baja California o Tamaulipas.

La Fiscalía no ha proporcionado una pista sobre los agresores. No hay información sobre a qué banda pudieron pertenecer los hombres que entraron a una casa y acribillaron a sangre fría a todos los que ahí descansaban. Tampoco han explicado cómo es posible que, una vez más, un comando armado hasta los dientes desate el terror en unas cuadras de esta ciudad costera sin que una autoridad lo impida.

De los siete integrantes de la familia, uno consiguió sobrevivir unas horas a la ráfaga de plomo. Pero falleció poco después en el hospital, según la información de la prensa local. La única información disponible sobre ellos es que tenían un negocio de carne.

La Fiscal General, Verónica Hernández Giadáns reiteró que, en esta ocasión, “como en todas en las que se atente contra las y los veracruzanos, no habrá impunidad”. Pero la impunidad en el país supera el 94% de los casos. Menos de uno de cada 10 se resuelve. Un clima de falta de justicia tal, que permite que cualquier masacre le salga gratis a los asesinos.

La violencia en el país se ha convertido en la principal cuenta pendiente del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El múltiple asesinato hace poco más de una semana en el norte, en el corazón de la sierra Tarahumara (Chihuahua), que se cobró la vida de dos sacerdotes jesuitas, un guía turístico y otros dos hombres desaparecidos, provocó la presión de la Iglesia para contener los homicidios que sacuden al país.

El papa Francisco llegó a manifestarse sobre lo sucedido, denunció el crimen contra los curas y numerosas organizaciones religiosas siguen presionando estos días para que las autoridades tomen cartas en el asunto. Pues el presidente, desde sus promesas de campaña, mantuvo el eslogan de “abrazos, no balazos”, que lo persigue con cada muerte, cada familia asesinada.

La estrategia que busca el Gobierno federal se centra en más ayudas a los jóvenes, becas que los salven de poblar las filas del crimen organizado. Un plan a largo plazo que busca dejar sin cantera a los grandes cárteles de la droga. También combate al narco en zonas clave, aunque los operativos nunca son anunciados como grandes golpes, pues está en contra de una guerra abierta como la que emprendió Felipe Calderón en 2006 y continuó Enrique Peña Nieto hasta 2018. Una batalla que provocó que el número de desaparecidos y muertos se multiplicara hasta cifras récord de violencia.

Pese a las promesas de campaña, el país no se ha pacificado. El narco mata con la misma virulencia que cuando tomó el poder a finales de 2018. La cifra de 100 asesinatos al día no se había alcanzado ni en los peores momentos de la guerra contra las drogas de anteriores mandatarios. Y, aunque López Obrador, mantiene que se ha producido una “contención” en el número de homicidios. La realidad es que la cifra de muerte es tan alta para un país que no está oficialmente en guerra, que la reducción de un puñado de muertos al año no resuelve la tragedia.