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APERCIBIMIENTO PACTADO

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Por Giovanny Carlos.

Las personas somos responsables de lo que decimos y hacemos; también lo somos de lo que no hacemos y de lo que no decimos. Esto significa que no hay forma de defender a un periodista o medio de comunicación, en este caso a Javier Alatorre y Tv Azteca, cuando de incitar al desorden público se refiere, porque decir que “eso no quiso decir Alatorre” no es una defensa.
En su noticiero, el comunicador pidió a los mexicanos no hacer caso a Hugo López-Gatell Ramírez, epidemiólogo titular de la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud -del Gobierno de México- con relación al Coronavirus, exponiendo así a los mexicanos a elevar la propagación del virus y su mortandad, porque si la población desobedece al funcionario significaría que se puede hacer una vida ordinaria en el país, y no es así.
Muchas personas hablan del rompimiento entre a Ricardo Salinas Pliego -dueño de Televisión Azteca, Elektra, Banco Azteca, Seguro Azteca, y más- y Andrés Manuel López Obrador tras este lamentable episodio. Teorías hay muchas, pero me enfocaré al “apercibimiento público” que hizo el Gobierno de México a Alatorre, la tibieza del gobierno mexicano para sancionar a un persona y televisora que comprometen la salud pública.
Algunos lectores han supuesto que Alatorre no quiso incitar al desorden público, que antes su mensaje fue para “evidenciar” que las cifras de la Secretaría de Salud con relación al Covid-19 no son exactas ni correctas. Sin embargo, una cosa es lo que quiso decir y otra la que se puede entender. La sociedad no está obligada a interpretar lo que diga el comunicador, y como comunicadores somos responsable de nuestro actuar, más de ser claros al hablar para evitar un desastre público, como en este caso.
Si lo que hizo el comunicador es pésimo, lo que hizo López Obrador es peor. El prejidente, en su derecho de réplica, llamó “amigo” al comunicador, sin reprender por ley lo sucedido.
Seguramente la reacción del prejidente no hubiese sido igual si quien provocara al desorden fuera el periódico Reforma, lo que demuestra que no hay libertad de expresión para quien critica al Gobierno de México sin ser considerado “amigo”. Justamente aquí es en donde nace el “clasismo” entre los medios de comunicación, mismo que se ha replicado en la clase social con aquello de “fifís”.
El Gobierno de México emprendió una campaña en contra de las fake news y no pudo sancionar la desinformación y atentado a la vida que provoca este comunicador. Para ellos sólo hubo un “apercibimiento pactado”, porque de otra forma no se entiende.
Que difícil resulta entender el orden político del gobierno federal en curso. Parece que hay una ley para los amigos y otra para los fifís. Lo que acaba de “perdonar” el presidente puede pesarle mucho dentro de poco.
Quizás, después de todo, este episodio estaba pactado para desviar la atención sobre el material médico de pésima calidad enviado a los estados, la nula estrategia para equilibrar la economía de los empresarios mexicanos y la conservación de empleos, o la calificación basura que le pusieron a Pemex. Pero ni así se justifica que un medio de comunicación comprometa la salud de los mexicanos.

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