Castro toma el mando en Honduras con el narcotráfico y la corrupción impregnándolo todo

En un país fuertemente conservador, la llegada de Xiomara Castro puede suponer un pequeño impulso para la mejora de los derechos de las mujeres hondureñas. Se espera una relación más cercana con los países de la izquierda latinoamericana, pero siempre con un ojo en Estados Unidos.

Xiomara Castro tomará posesión como nueva presidenta de Honduras, la primera mujer hacerlo, el próximo 27 de enero, y con ella regresa la izquierda al poder tras 12 años de gobiernos conservadores, señalados además por complicidad con el narcotráfico, en un país con altos índices de pobreza, violencia y una corrupción que se ha instaurado a todos los niveles en las instituciones.

El desafío de Castro va más allá del clásico cambio entre un gobierno de un signo político y otro, pues tendrá que tomar las riendas de un país que da claros signos de haberse convertido ya en un Estado fallido, con las estructuras del narcotráfico impregnándolo todo, después de que sus dos antecesores en el cargo hayan estado relacionados directa o indirectamente con el mercado de las drogas.

El derrocamiento de Manuel Zelaya en 2009 trajo consigo un importante aumento del tráfico aéreo irregular desde Colombia, cuyos cárteles del narcotráfico han utilizado Honduras como puente para trasladar su cocaína a Estados Unidos sin tener que pasar por México, donde los poderosos grupos del crimen organizado imponen sus propias reglas.