El Betis de Andrés Guardado y Diego Lainez, campeón de la Copa del Rey

  • Los verdiblancos consiguen desde el punto de penalti su tercera corona.

Andrés Guardado y Diego Lainez han grabado su nombre en la historia del Real Betis Balompié. El conjunto verdiblanco conquistó la tercera Copa del Rey en su historia, al imponerse en penaltis 5-4 al Valencia después de un empate 1-1 tras 120 minutos. Guardado ingresó al minuto 102 y anotó el tercer cobro en la tanda definitiva.

La apoteosis del sufrimiento, la tanda de penaltis, llevó al delirio al Betis tras una final jugada al límite. Pasó de todo, como mandan las enciclopedias. Fue Miranda, el niño que había viajado a Madrid en la anterior final bética, el que mandó el último penalti a la red. Así es la Copa, un manual de historias, lágrimas y héroes.

Se había planteado el partido como un choque de civilizaciones. Pellegrini y Bordalás no se parecen ni en el uniforme con el que pasean por la banda. Ambos hicieron bien lo que entrenan durante el año. Su ejercicio fue irreprochable. Las finales son escenarios perfectos para eliminar o aumentar prejuicios. En el envoltorio había frases lanzadas con ciertas cargas de veneno sobre los estilos y los toques. Nada nuevo en este mundo de Bilardos y Menottis.

Faltaba saber qué equipo desatrancaría antes su nuez. El Betis sólo había cambiado de calle; el Valencia, de ciudad. La conmoción ambiental quedó en tablas. Al mejor inicio verdiblanco respondió la cuadrilla valencianista.

Bordalás fue el primero en mover ficha y almacenó los megavatios de Bryan Gil en el banquillo. Su primera trinchera la masticó pronto el Betis. Fekir conectó con Bellerín y el centro de póster del lateral lo cabeceó Borja Iglesias desde el nudillo del área pequeña. Fue un gol de fútbol inglés en La Cartuja.

Hugo Duro inicia otro partido

Al Valencia, sobrado de excitación y energía, le faltaban fútbol y balón. Se veía poco a Carlos Soler, su ‘todocampista’ y sufría con las líneas aéreas verdiblancas por las bandas, sobre todo por la derecha con Bellerín. Necesitaba un tranquilizante que le situara sobre el césped. Lo encontró en un pase de Moriba que dejó solo a Hugo Duro y que este resolvió con la calma de un mayordomo como si no fuera su primera final copera.

 

En una final puede haber diez partidos en uno. La igualada abría otro capítulo. Cada vez había más refriega en el verde y la digestión se complicaba. Canales envió a la madera antes del descanso. Ambas tribus de estilos de fútbol se fueron a reposar.

El Valencia que apareció desde la caseta tenía hambre. Pulgada a pulgada iba dejando al Betis sin el balón, su razón de vida. El partido iba devorando jeroglíficos, una situación ideal para que apareciesen toneladas de calidad. En los de Bordalás se dejaban ver Carlos Soler y Gayà, los emblemas del club.

Una final desbocada

Una afición se acordará de la de Hugo Duro, otra, de la de Juanmi, que con el partido desmadejado probó por segunda vez el poste de Mamardashvili. Era un momento de morder bufandas. El Betis encontró otra vez vías de respuesta. Canales se soltaba y Fekir, rodeado de centinelas, buscaba la genialidad. Se sintió perjudicado por el indulto de Hernández Hernández a la segunda amarilla a Guillamón y Mamardashvili empezaba a ser un pulpo bajo palos. Con la emoción desbocada el partido dependía de un detalle.

La inundación la intentó tapar Bordalás con Bryan Gil, Thierry y Racic. En el Betis, un mito, Joaquín, entraba para encontrar la poción de calma y experiencia. Al partido no se le podía pedir más en el terreno de la emoción, la entrega y las opciones de gol. Borja Iglesias y Soler volvieron a acariciar la gloria. El premio fue una prorrogaza.

Con síntomas de agotamiento tras un despliegue formidable pasaban los minutos con la cámara de tortura de los penaltis en el horizonte. Un colosal Borja Iglesias dejaba el sitio a Willian José, su relevo a la hora de fajarse con la sala de musculación de Alderete, Paulista y Diakhaby.

Salvo las escaramuzas de Bryan Gil, los músculos no dieron para más. En el Betis ya no estaba su primera guarnición con Canales, Fekir, Juanmi y Borja Iglesias. Esperaba la tómbola más cruel del fútbol, la tanda de penaltis, la que encumbró al Betis, un grande del fútbol español que se encontró con un gigante en el cuadrilátero. Una gran final.