EU ejecuta a Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi, líder de ISIS, en Siria

  • El operativo habría dejado un total de 13 personas muertas; entre ellos seis niños y cuatro mujeres.

Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi, líder del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), fue asesinado este jueves durante un ataque de las fuerzas especiales de Estados Unidos, informó el presidente Joe Biden.

“Anoche, bajo mi dirección, las fuerzas militares estadounidenses llevaron a cabo con éxito una operación antiterrorista. Gracias a la valentía de nuestras Fuerzas Armadas, hemos eliminado del campo de batalla a Abu Ibrahim al-Hashimi al Qurayshi, el líder de ISIS”, escribió el mandatario estadounidense en su cuenta de Twitter.

Previamente, el Pentágono calificó como una exitosa operación antiterrorista la incursión a gran escala en el noroeste de Siria. Los servicios de emergencias que acudieron al lugar reportaron 13 muertos, entre ellos seis niños y cuatro mujeres.

Los residentes contaron que varios helicópteros volaron sobre la zona y que los soldados estadounidenses se enfrentaron a hombres armados durante varias horas en torno a una vivienda de dos plantas rodeada de olivos. Según sus relatos, hubo continuos disparos y explosiones que despertaron a la tranquila localidad de Atmeh, cerca de la frontera turca, una zona salpicada de campos para desplazados por la guerra civil siria.

“La misión fue un éxito”, afirmó brevemente el secretario de Prensa del Pentágono, John Kirby, en un comunicado. “No hubo víctimas estadounidenses. Se ofrecerá más información a medida que esté disponible”.

Un reportero de The Associated Press y varios residentes contaron que vieron partes de cadáveres esparcidas alrededor del lugar de la incursión, una vivienda en la provincia de Idlib, controlada por los rebeldes. La mayoría de los residentes hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias.

Este fue el mayor operativo en la provincia desde el asalto estadounidense en 2019 que acabó con la vida del líder de ISIS Abu Bakr al-Baghdadi, durante la presidencia de Donald Trump.

Idlib está controlada en su mayoría por combatientes respaldados por Turquía, pero también es un feudo de Al Qaeda y varios de sus altos cargos residen allí. Otros insurgentes, incluyendo miembros de la milicia rival Estado Islámico, también se han refugiado en la región.

“Los primeros momentos fueron aterradores, nadie sabía qué estaba pasando”, expresó Jamil el-Deddo, residente en un campo de refugiados próximo. “Todos estábamos preocupados porque pudiera ser la aviación siria, lo que nos recordó las bombas de barril que solían arrojarnos”, agregó refiriéndose a los contenedores de cargados de explosivos empleados por las fuerzas del presidente Bashar Assad contra los opositores durante el conflicto.

Se podían ver manchas de sangre en las paredes y en el piso de la estructura que quedó en pie, con un dormitorio destrozado y con una cuna de madera en el suelo. En una de las paredes dañadas colgaba aún un columpio infantil de plástico azul. La cocina quedó ennegrecida por el fuego.

La Defensa Civil Siria, un grupo de emergencias gestionado por la oposición llamado también Cascos Blancos, dijo que 13 personas fallecieron en los bombardeos y enfrentamientos posteriores al asalto. Su recuento incluía seis menores y cuatro mujeres, añadió. Ahmad Rahhal, un periodista ciudadano que visitó el lugar, dijo haber visto 12 cadáveres.

El Pentágono no dio detalles sobre el número de víctimas.

Omar Saleh, residente en una casa cercana, contó que sus puertas y ventanas comenzaron a vibrar con el sonido de los aviones volando bajo a las 01:10 de la madrugada. Después, escuchó a un hombre que hablaba árabe con acento iraquí o saudí, pedir a las mujeres, a través de un altavoz, que se rindieran o se marcharan del lugar.

“Esto se prolongó 45 minutos. No hubo respuesta. Entonces comenzaron los disparos de ametralladoras”, añadió Saleh, señalando que esa situación duró dos horas mientras los aviones sobrevolaban la zona a baja altura.

La operación clandestina se produjo en un momento en el que Estado Islámico estaba reafirmándose, perpetrando algunos de sus mayores ataques desde su derrota en 2019. En las últimas semanas y meses, la milicia radical lanzó una serie de operaciones en la región, incluyendo un asalto de 10 días para tomar una prisión en el noreste de Siria, con al menos 3 mil detenidos del grupo, a finales de enero.