Justicia imaginaria

Antonio Ceja 

“Ante la caída de la popularidad de López Obrador, las cortinas de humo para evitar que bajen los bonos del macuspano, éste se saca de la manga discursos desvariantes que, en su conjunto, solo le sirven a él y no para aplicar justicia ante las evidencias que él mismo presenta en sus conferencias mañaneras. Acostumbrado a acusar sin ton ni son y con el manejo de las instituciones judiciales del país, Obrador navega con la bandera del síndrome del Tío Lolo: se hace pendejo solo”. 

 ¿Cuántas historias de justicia política hemos vivido los mexicanos? 

Sin duda, han sido demasiadas, pero, en términos reales, la mano de la justicia no ha alcanzado prácticamente a nadie por una muy sencilla razón: todos los acusados han librado, por cuestiones de conveniencia entre ellos y los acusadores porque existen lazos de corrupción que comparten. 

Ante la caída de la popularidad de López Obrador, las cortinas de humo para evitar que bajen los bonos del macuspano, éste se saca de la manga discursos desvariantes que, en su conjunto, solo le sirven a él y no para aplicar justicia ante las evidencias que él mismo presenta en sus conferencias mañaneras. Acostumbrado a acusar sin ton ni son y con el manejo de las instituciones judiciales del país, Obrador navega con la bandera del síndrome del Tío Lolo: se hace pendejo solo. 

Rodeado de ladrones confesos y de fechorías documentadas, López se convierte, en automático, en una paradoja justiciera: aplica la justicia de la 4t solo con aquellas personas o entidades que le son incómodas mientras que, para sus incondicionales, les brinda su protección y perdón a cambio se su fidelidad al proyecto político que encabeza. 

Bajo esa perspectiva, la justicia política nacional se centra, entonces, en el espejismo de la necesidad de los mandatarios en turno, de lograr llevar agua a su molino, pero en la realidad, se deja de lado el antecedente de ejercer el Derecho nacional de llamar a cuentas a los funcionarios que fueron electos para administrar la hacienda pública. 

El anuncio del peje de que la FGR ha abierto tres expedientes contra el ex presidente Enrique Peña Nieto es solo otro ejemplo que terminará como un salvavidas del Obrador ante la ineficiencia de su gobierno de atender y resolver las demandas sociales del país. Este nuevo engaño del orate de palacio, no llegará a culminar en enjuiciar a Peña Nieto y mucho menos a sus cercanos cuando gobernó al país; ¿por qué anunciar, tres años después que “va por Peña Nieto? 

Teatro justiciero. 

Como antecedentes, desde antes de que sumiera la presidencia del país, López ha acusado a diestra y siniestra que la corrupción ha infectado al país; ha acusado a los promotores del desaparecido AICM que el mismo, se fincó en la corrupción. Desapareció estancias infantiles y fideicomisos por la misma razón y canceló el Seguro Popular y, hasta ahora, no existe ningún indiciado que haya sido llamado a cuentas. 

Con Peña Nieto, Obrador está en peligro de que el ex presidente le aseste un par de golpes mediáticos en detrimento de su falsa “austeridá y honestidá” donde, se presume, pondrán al presidente mexicano en aprietos muy serios. 

¿Y Calderón? 

Uno de los “cocos” del orate de palacio, es el ex presidente Felipe Calderón, causante, según el macuspano, de todas las desgracias que sufre el país. Bajo su locura alucinante, Obrador no ha ejercido ninguna acción para llamar a cuentas al ex panista, pero a diario lo acusa de ser parte del “compló” contra su cuarta transformación. 

López necesita de chivos expiatorios para mantener atontados a sus seguidores cuya ignorancia comparten con el mandatario; culpar de su pésima administración a políticos del pasado y quedarse en el discurso dejan a López como un lunático y deja claro que ello, solo es otra estrategia política inútil para tapar su ídem administración. Mientras que el loco de palacio no aplique una autocrítica y se deshaga de la bola de ratas que protege, todo lo que diga y haga vale absolutamente nada.