Las implicaciones de la suspensión de Rusia del Mundial y de otras competencias FIFA

Este lunes, la FIFA anunció la suspensión de los equipos representantes de Rusia (masculinos y femeninos) al igual que los clubes de ese país, de todas las competencias de forma indefinida. Eso significa, casi con toda seguridad, que Rusia no participará en el Mundial de Catar de noviembre próximo. En la fecha anterior, la FIFA condenó el “uso de la fuerza por parte de Rusia en su invasión a Ucrania”.

En muchos sentidos, éste es un movimiento sin precedentes por parte del ente que regula la actividad del fútbol mundial. A continuación, presentamos un cuestionario para entender mejor las decisiones tomadas por la FIFA y sus implicaciones.

P: Rusia debía jugar el repechaje del Mundial masculino a finales de este mes y la Eurocopa femenina en julio. ¿Existe alguna forma de revertir la decisión?

R: En el caso del fútbol masculino no es probable. El repechaje de Rusia ante Polonia estaba programado para el 24 de marzo, y la FIFA tendría que readmitir a la selección. Eso no ocurrirá a menos de que se concrete la paz y Rusia se reconcilie con la mayoría de la comunidad mundial, incluso Polonia, que ha expresado sus intenciones de boicotear cualquier partido prevista con la selección de Rusia. (El sorteo para determinar los ocho grupos mundialistas se realizará el 1 de abril in Doha, Catar.)

El caso de la Eurocopa femenina es un poco distinto, ya que faltan cuatro meses para la celebración del torneo. Esperemos y oremos porque haya suficiente tiempo para que termine la guerra y se llegue a un desenlace positivo. Pero en estos momentos eso parece ser una posibilidad remota.

P: ¿Por qué denominan a esta situación como algo sin precedentes? ¿La FIFA no ha suspendido con anterioridad a otros países?

R: La FIFA suspende miembros todo el tiempo. Apenas la semana pasada suspendieron a Kenia y Zimbabue. El año pasado le ocurrió lo mismo a Chad y Pakistan.

Por lo normal sucede debido a interferencias gubernamentales a federaciones miembros, casos de corrupción o irregularidades financieras. A veces puede ocurrir a consecuencia de casos de dopaje o corrupción deportiva (como este famoso caso en el que se vio involucrada la selección chilena en 1989). Sin embargo, es muy raro ver la suspensión de una nación miembro por razones políticas. Ocurrió con Yugoslavia en 1992, justo en el momento más álgido de su guerra civil, y le pasó a Suráfrica en 1961 debido a la política de segregación racial de ese país conocida como apartheid y su insistencia en jugar con equipos conformados únicamente por jugadores de raza blanca. Sin embargo, hay aspectos clave que distinguen a este caso del resto.

P: ¿Por ejemplo?

R: Primero, la celeridad de la decisión. La invasión a Ucrania comenzó hace menos de una semana. Más significativamente, en los dos casos antes mencionados, la FIFA actuó después de la emisión de resoluciones por parte de Naciones Unidas. En 1992, Yugoslavia fue vetada al día siguiente de que una resolución de la ONU impusiera sanciones por las atrocidades cometidas en Bosnia. Fue reemplazada en el Campeonato de Europa por la selección de Dinamarca, que terminó ganando el torneo. El veto de Suráfrica, que duró más de cuatro décadas, se produjo luego que una resolución de la ONU de 1960 exigiera al gobierno de ese país abandonar sus políticas de apartheid y discriminación racial.

En esta ocasión, aún no existe una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condene la invasión.

P: ¿Por qué no hay una resolución?

R: Porque Rusia es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Por ende, es capaz de vetar cualquier decisión. Por eso, la resolución presentada, que exige el retiro inmediato de tropas rusas de Ucrania, efectivamente fue vetada.

P: ¿Por qué eso importa?

R: La FIFA es una organización deportiva, no política. Una cosa es vetar a un país por motivos políticos cuando se tiene el apoyo de la ONU. Otra totalmente distinta es cuando no tienes el apoyo del organismo multilateral y debes responder a tus 211 miembros, algunos de ellos con opiniones distintas a las de la mayoría de los países occidentales, que querían una expulsión de Rusia sin mayor delación.

Vale la pena recordar que, si bien Rusia fue el único de los 15 miembros del Consejo de Seguridad que votó en contra de la resolución, otros tres decidieron abstenerse: India,

P: ¿Esa fue la razón por la que no suspendieron a Rusia el domingo, sino que emitieron esa declaración provisional algo dócil que se limitó a vetar equipos rusos de jugar en su propio patio, sin himnos o banderas, denominándose “Unión Futbolística de Rusia”?

R: Más o menos. Sin embargo, aquí debemos recordar de qué hablamos cuando nos referimos a la FIFA.

Si bien a veces puede parecer un monolito liderado por un presidente todopoderoso como Gianni Infantino, no es que él haya tomado la decisión personalmente esta vez. Fue tomada por un ente llamado Buró de la FIFA, que es una forma elegante de denominar a una videoconferencia vía Zoom sostenida entre Infantino y los presidentes de seis confederaciones: a UEFA, CONMEBOL, CONCACAF, Confederación Africana de Fútbol, Confederación Asiática de Fútbol y Confederación de Fútbol de Oceanía.

Algunos de los asistentes querían la suspensión inmediata de Rusia, agregando una serie de condiciones para su readmisión tales como el retiro de Ucrania y un pacto de paz. Otros fueron más cautos.

P: ¿Por qué? ¿Por no contar con la “manta de seguridad” de una resolución de la ONU que los respaldara?

R: En parte sí, aunque también se debe a que todos ellos son oficiales electos y deben responder ante sus miembros.

Como dijimos anteriormente, no todos compartían los mismos sentimientos fuertes sobre a un veto a Rusia, similar al criterio de muchos países miembros de la OTAN. Algunos sienten que hay un doble discurso. Después de todo, la FIFA no vetó a Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Polonia y el resto de los miembros de la llamada “Coalición de Voluntad” cuando invadieron Irak en 2003 sin autorización explícita de Naciones Unidas. Tampoco sancionó a Arabia Saudita cuando bombardeó Yemen en 2015.

La FIFA y sus confederaciones miembros querían asegurarse de contar con suficiente apoyo en público. Y lo más probable es que sabían que lo iban a tener; sin embargo, debían pasar por este proceso.

P: ¿Qué significa eso?

R: Querían que más asociaciones miembros expresaran públicamente su apoyo al veto, y eso ocurrió prácticamente de inmediato. Polonia (primera rival de Rusia en el repechaje mundialista) expresó su negativa a jugar contra Rusia. Al igual que Suecia y la República Checa, seguidos por más de una docena de federaciones. Esto permitió a la FIFA afirmar que prácticamente no tenían otra opción: o excluían a Rusia o a una importante cantidad de países.

La decisión recibió mayor apoyo el pasado lunes cuando el Comité Olímpico Internacional emitió un comunicado pidiendo vetar a Rusia. Ahora bien, el COI no es la ONU, pero sigue siendo una importante organización mundial. En ese momento, el Buró de la FIFA también se sintió con poder suficiente para proceder desde el punto de vista legal.

P: ¿Por qué?

R: Porque Rusia puede apelar la decisión de la FIFA llevando su caso al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Es un ente independiente y en el pasado ha fallado en contra de grandes organizaciones deportivas; por ejemplo, cuando revirtió el veto al Manchester City por violaciones de Fair Play Financiero.

Rusia tiene historial favorable en el TAS. Cuando la Agencia Mundial Antidopaje vetó a Rusia por cuatro años por incumplir la normativa, el TAS redujo la sanción a dos años. Y apenas el mes pasado en los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing, confirmó la decisión de Rusia de permitir competir a patinadora artística Kamila Valieva a pesar de su suspensión provisional. Así que la FIFA quiso implementar su veto con las mayores protecciones posibles a nivel jurídico.

P: ¿Es el veto justo con los atletas rusos? Ellos no ponen a su país en pie de guerra, ¿cierto?

R: Algunas personas tienen este criterio y esa es la razón por la cual, a pesar de que Rusia fue vetada en los Juegos Olímpicos, se permitía que sus atletas compitieran de forma individual. Sin embargo, es importante destacar que el veto recae sobre instituciones rusas, no sus atletas. Los futbolistas rusos que juegan en otros países (como es el caso del delantero del Atalanta Aleksei Miranchuk, que marcó en la noche del lunes contra la Sampdoria sin celebrar) tienen libertad para competir.

Históricamente, existía la idea de que el deporte y la política debían permanecer siempre firmemente separados. Esto se remonta a los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia cuando, según cuenta la historia, suspendían guerras para competir en las Olimpiadas. A pesar de ello, muchos se dieron cuenta hace tiempo que el deporte es una excelente herramienta propagandística para los gobiernos y ese límite se ha borrado.

En 1973, la Unión Soviética boicoteó un partido de repechaje mundialista contra Chile por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el gobierno de Augusto Pinochet. En 1976, 28 países africanos boicotearon los Juegos Olímpicos de Montreal luego que el COI se negara a expulsar a Nueva Zelanda, luego que su selección de rugby hiciera una gira por Suráfrica violando un boicot mundial. Un grupo de países occidentales boicoteó los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 después de la invasión soviética a Afganistán. La lista sigue y sigue.

En un sentido más amplio, creo que ahora nos sentimos más cómodos cuando nuestras instituciones deportivas adoptan posturas que en el pasado se consideraban como “políticas” o de “adhesión a un bando”, y por tanto eran inaceptables: bien sea arrodillarse antes de iniciar un partido de NFL o Premier League, o que la NBA cambie la sede de su Juego de Estrellas debido a la objeción del estado de Carolina del Norte a una ley que limita la protección en su territorio contra la discriminación a miembros de la comunidad LGBT.

Hemos recorrido un largo camino desde 1968, cuando Tommie Smith y John Carlos fueron expulsados de los Juegos Olímpicos por tener la temeridad de alzar sus puños con guantes negros hacia el cielo de la Ciudad de México.