Morena: con licencia para la impunidad

“Ser miembro de Morena o estar cobijado bajo el manto de la secta, significa para el ungido, una serie de privilegios cuyo principal sello es el de delinquir sin ser llamado a cuentas. La necesidad de ser “electo” dentro de un cargo auspiciado por Morena solo refleja el interés de mentir, robar y traicionar con la anuencia de López Obrador, principal promotor de la ilegalidad en todos los rubros”. 

Antonio Ceja

El pasado domingo, en todo el país, Morena realizó elecciones internas para renovar a sus consejeros y en la jornada electoral se pudo apreciar la desorganización y violencia que emprendieron los miles de socios del llamado movimiento político creado por López Obrador. 

La guerra interna producto de la desorganización y falta de liderazgo y la carencia de una cultura política de los seguidores de Morena es producto de la necesidad de los candidatos que fueron propuestos para la renovación de delegados de ese movimiento, de llegar su objetivo que es el de ocupar un escaño dentro del mismo. El acarreo de personas humildes que no tenían idea de por qué el líder de su colonia los llevó a votar por alguien que ni conocen; las riñas entre los votantes por imponer a determinado candidato; la quema de urnas y el “embarazo” de las mismas fueron motivadas, según López Obrador, por “infiltrados” mientras que Mario Delgado acusó a sus propios militantes de “despistados” previamente seleccionados montando una farsa democrática que, finalmente, acabó por confirmar que Morena es una secta que como tal, manipula a sus afiliados. 

Pase a la impunidad 

Ser miembro de Morena o estar cobijado bajo el manto de la secta, significa para el ungido, una serie de privilegios cuyo principal sello es el de delinquir sin ser llamado a cuentas. La necesidad de ser “electo” dentro de un cargo auspiciado por Morena solo refleja el interés de mentir, robar y traicionar con la anuencia de López Obrador, principal promotor de la ilegalidad en todos los rubros. 

La corrupción, toda documentada, dentro de los funcionarios de la 4t y de los representantes de Morena en todo el país, ha sido defendida por el presidente tabasqueño a capa y espada y, lejos de llamar a cuentas a sus súbditos, los premia con embajadas, puestos federales o los saca de su vista o los sostiene en el cargo pese a las evidencias de sus presuntos actos delictivos. 

Morena garantiza impunidad, riqueza e influencia; la falsa verborrea de López Obrador se contrapone con los actos no solo del macuspano sino de todos los cercanos -y lejanos- del mandatario y basa esa impunidad en el hecho de que las autoridades federales, estatales y municipales, se tapan con la misma cobija. 

La muestra de salvajismo vista el pasado domingo fue todo menos un acto democrático. Reflejó la imposición de candidatos en aras de llegar al cielo obradorista y disfrutar, si le favorece el voto, de las mieles de la impunidad y escalar a la cúspide la cual, solo exige 90 por ciento de honestidad y solo un 10 por ciento de capacidad; en pocas palabras, lo que ocurrió en la elección de consejeros morenistas fue un botón de lo que nos depara en el cada vez más cercano 2024 y dejó visto que, en Morena, predominó la honestidad a la capacidad.