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Y 16 años después… Chile se enfila a la final

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  • Justo en el desconcierto de la defensa charrúa, llegó el disparo de Mauricio, un protagonista de sorpresa, pero que bien refleja que los héroes llegan de los sitios menos esperados.

Santiago, Chi. Fue una noche de largo aliento para Chile, de resistencia emocional y cardiaca. La selección local acabó con sus fantasmas, aquellos que le dictaban terminar prematuramente su participación en la Copa América cuando se jugaba en casa, también terminaron con 32 años sin derrotar a sus rivales celestes en la competencia continental y vaya contrasentido, la victoria de los chilenos inició con un gesto que Uruguay tiene como marca patentada.

Chile venció 1-0 a Uruguay y avanzó a las semifinales de su Copa, lo hace 16 años después de su última aparición, con un gol de Mauricio Isla que acabó con largos minutos de angustia, de chocar siempre con la fiereza charrúa.

Los locales echaron al campeón del torneo y su camino se enfila a la final, quizás más lejos, al título, porque la dura batalla de Santiago dejó eufóricos a los chilenos y su gente.

Esto no podía ser de otra forma que apelando al trabajo, a la unión. Ya nada difumina el ambiente en la Roja, atrás quedó el accidente de Arturo Vidal y la nube de rumores tras el mismo. Todo pasa por la insistencia, así comenzó el juego, de los pies de Jorge Valdivia, el cerebro de Chile, quien da pausa, cadencia y, sobre todo, claridad ante el motín celeste.

Chile parece ser dos equipos, en botines de Jorge, el Mago, como también le dicen, es un equipo inteligente, tenaz y analítico; todo lo contrario cuando el balón pasa por los pies de Alexis Sánchez, el revolucionado delantero que de tanto dominar la pelota, termina sin trascender en el juego de su selección.

Fue precisamente en el primer tiempo, que tras un mal movimiento de Alexis, el Mago le reclamó su excesiva movilidad: todo quedó en una disculpa del delantero de Arsenal, que sólo agachó la cabeza para asimilar el regaño.

Pero tras esa escena, no existieron fracturas en el juego y ánimo chileno, terminó el primer tiempo con amplio dominio del balón —63 contra 37% de los uruguayos—; tampoco fue extraño que las opciones de gol fueran exclusivas de los chilenos, nada de peligro, pero la insistencia le trajo recompensa al equipo.

Jorge Sampaoli no cesaba de dar indicaciones desde al área técnica, su origen humilde y ajeno a la élite del futbol le hacen vivir los partidos con una pasión desbordada, casi al límite de las reglas. Toda esa presión también estaba en el juego, y Uruguay acechando una pelota para armar un contragolpe, demasiado atrincherado y con la fuerza que le hacía desbaratar todo intento de ataque rojo.

La jugada que cambió el partido surgió en la zona más intrascendente de la cancha, en medio campo y a 50 metros de donde se disputaba el balón. Gonzalo Jara provocó a Edison Cavani agarrándole el glúteo, el delantero uruguayo respondió con una bofetada y ahí acabo el partido para los campeones, la expulsión de Cavani acorraló aun más al equipo de Óscar Tabárez.

Vino la intransigencia charrúa, la del juego brusco, en la línea del reglamento, pero fue mayor la insistencia chilena que al cabo de los minutos, y justo cuando el partido entraba en un letargo que beneficiaba a los uruguayos, llegó la extensión de Valdivia, que dejó a Mauricio Isla un balón que conectó el defensa sólo para rematar a portería.

Justo en el desconcierto de la defensa charrúa, llegó el disparo de Mauricio, un protagonista de sorpresa, pero que bien refleja que los héroes llegan de los sitios menos esperados.

Terminó el partido entre la bulla y el conflicto, Uruguay acabó con 10 futbolistas y Chile celebró su pase, pero sobre todo la ilusión de conseguir el tan ansiado título, el de su Copa América.

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